lunes, 19 de mayo de 2008

Plaza de los Coches

Atras de la Torre del Reloj, se encuentra la Plaza de los Coches, plaza en donde, anteriormente, se realizaba el mercadeo de esclavos. Esta plaza esta adornada con casas con antiguos balcones y arcos donde estan ubicados diferentes puestos de dulces, conocidos como El Portal de los Dulces.

El primer nombre que llevó esta plaza fue el de "Plaza del Juez", porque muy cerca de donde hoy se encuentra una corporación bancaria, se alojó como juez de residencia el licenciado Francisco de Santa Cruz, el cual fue encargado de juzgar al gobernador Don Juan de Badillo que reemplazaría a Don Pedro de Heredia.
Esta plaza fue elegida para la venta de esclavos por eso tomo el nombre de "Plaza del Esclavo". Años mas tarde fue cambiado su nombre a "Plaza de Mercaderes", Porque en ese lugar quedo situado el Portal de los Dulces (todavía situado allá) el cual atraía a mucha gente. Luego se llamó "Plaza de la Yerba" y finalmente su nombre fue cambiado por "Plaza de los Coches" gracias a que la alcaldía permitió el estacionamiento de los coches en ese lugar.

Plaza Fernández Madrid

El primer nombre que recibió la plaza fue “Plaza de los Jagüeyes”. Mas tarde tomó el nombre de “Santo Toribio”. Luego el cabildo propuso que se llamara “General de Paula Santander”. Pero después de inaugurarse la estatua del prócer cartagenero, José Fernández Madrid, en ese lugar, la plaza tomó su nombre.

José Fernández Madrid nació en Cartagena el 19 de Febrero de 1789. Estudio en Bogota derecho y medicina. Era procurador general de Cartagena durante la revolución del 20 de Julio de 1810, representante en la convención de Cartagena, y fue presidente interino el 5 de Octubre de 1814. Fernandez fue una persona que vivió esa búsqueda de la independencia, con los demás próceres, del sometimiento español. En esa época estos colombianos buscaban que nuestra tierra fuera nuestra, por esta razon colaboró en la Declaración de Independencia y fue clave para la firma de esta. Fue prisionero de los Españoles y remitido a la Habana donde permaneció nueve años.

Murió el 28 de Junio de 1830 en Londres mientras ejercía el cargo de Agente confidencial cerca del Gobierno Inglés.
José Fernández fue también poeta y dentro de estos escribió uno muy curioso para un poeta de esa época ya que ellos solían escribir sobre batallas, amor patrio, heroísmo etc.

El lorito de Laura.

No envidio, Laura, los dorados techos
Que de los vicios suelen ser morada;
Ni al rico avaro que acumule ansioso
El oro y plata;
Menos envidio los honores vanos
Que se han comprado con la sangre humana,
Ni a los tiranos, cuyas frentes ciñen
Cruentas palmas;
Ni los carruajes do tendido a veces
Un delincuente, cual sultán del Asia,
Rueda, y desdeña el insensato al sabio
Que en sus pies anda;
Ni al comerciante sus cargadas naves;
Ni al Rey su cetro, ni su tiara al Papa...
¿Qué es lo que envidio? Lo diré?
Al lorito Que tienes, Laura.
Hola! ¡te ríes y de mí te burlas!
Hola! ¡mi envidia de locura tratas!
Hola! ¡me dices que soy vate y finjo!
Cállate falsa!
¡Feliz lorito, que su amor prefiere,
Único objeto de sus vivas ansias,
Tú, que has logrado de su pecho duro
Hallar la entrada!


La Iglesia de Santo Toribio y Mogrovejo


En una de las diagonales de esta plaza esta ubicada La Iglesia de Santo Toribio y Mogrovejo.
La construcción de esta iglesia se inició en 1666, y llevo como nombre Santo Tomás de Villanueva. La construcción, que había sido comenzada por Antonio Sanz Lozano, quedó paralizada cuando apenas comenzaba, hasta que don Gregorio de Molledo y Clarque descubrió los trazos de esta iglesia y considerando la necesidad de un templo, reanudó la obra sobre las viejas bases. Durante la colonia, esta iglesia conservaba muy bellas imágenes antiguas, fue muy cotizada por la aristocracia cartagenera.
En el templo se encuentra una bala en una urna con un vidrio. Se trata de la bala que fue lanzada durante el ataque de Vemon al interior del templo en el mismo momento cuando se celebraba la misa del 27 de Abril de 1742, día de Santo Toribio Alonso de Mogrovejo. Lo más curioso fue que la bala cayó en medio de los festejantes y no causo heridos ni daños. Este hecho se considero como un acto divino, es por esto que esta iglesia lleva el nombre de Santo Toribio de Mogrovejo y la bala se conserva como memoria de la misericordia de Dios.

domingo, 18 de mayo de 2008

German Espinosa

"Al entrarse la noche, los relámpagos comenzaron a zigzaguear sobre el mar, las mentes devotas se persignaron ante el rebramido bronco del trueno, una ráfaga de agua salada, levantada por el viento, obligo a cerrar las ventanas que daban hacia el occidente, quienes vivan cerca de la playa vieron el negro horizonte desgarrarse en lobos de fuego, en culebrinas o en hilos de luz que eran como súbditas y siniestras rietas en una superficie de bruñido azabache (…)”

Inicio de La Tejedora de Coronas, 1982

German Espinosa nació el 30 de Abril de 1938 en Cartagena de Indias, Colombia. Fue un novelista, cuentista, poeta y ensayista. Su padre, Lázaro Espinosa, periodista, ingeniero, abogado y poeta, y su madre Maria Teresa Villareal eran parte de familias de reconocidos antecedentes culturales lo cual le garantizaba una excelente educación. A los 15 años publico primer libro de poesía Letanías del Crepúsculo.

Sus novelas mas reconocidas fueron La Tejedora de Coronas publicada en 1982 incluida por la UNESCO como obra de patrimonio de la humanidad y Los Cortejos del Diablo la cual ganó varios premios de novelas en Latinoamérica y tambien, la atencion de toda Hispanoamérica.
El 5 de septiembre del 2002 recibió el Premio Nacional de Literatura entregado por La Revista Cultural Libros y Letras.

En sus narraciones se ven reflejados el cuidado idiomatico y la brillantez de su estilo. Desempeñó diversos puestos tales como cónsul en Kenia, critíco literario en diferentes medios perodisticos, traductor y catedrático de literatura entre otros.

Espinosa murió el 17 de octubre del año 2007 a causa de un paro respiratorio ocasionado por una neumonia. Ademas ya el autor sufria de un cancer de lengua que le impedía hablar.

Durante su vida, publicó cuentos y novelas como:

  • Letanías del Crepúsculo - 1954
  • Los cortejos del Diablo - 1970
  • La tejedora de Coronas - 1982
  • Noticias de un Convento Frente al Mar - 1988
  • Los ojos del Basilisco - 1992
  • La lluvia en el Rastrojo - 1994
  • La balada del Pajarillo - 2000
  • Cuando besan las Sombras - 2004

Comentarios por German Espinosa sobre el cruzamiento de razas en el Caribe:
"¿Se puede—me he interrogado en vigilias planetarias— albergar duda alguna sobre la identidad caribe, a estas alturas de nuestra evolución cósmica? Tal propensión— la del Caribe por y para el universo—cobró la fuerza de un destino. El mismo que, como dije, fue placentera o dolorosa y sutilmente tramado, en otros tiempos, por el conspicuo cruzamiento de todas las razas del planeta: la dulce y aborigen cobriza, la meridional europea que llegó en las carabelas, la negra que arribó en las galeras y que acabó replegándose en ese cálido entorno, la judía que a partir de la Colonia irradio desde el foco libertario de Willemstad, la árabe que inmigró ansiosamente en los albores del siglo, la amarilla que nos acecha desde los restaurantes pintorreados por pábilos y farolitos, y la de todo el resto del globo terráqueo…"
(Espinosa, Germán, “Caribe y universalidad”, “Respirando el Caribe”, Observatorio del Caribe Colombiano, Bogotá, febrero de 2001).

Y otro comentario sobre Cartagena:
"El haber nacido en Cartagena es, por supuesto, un hecho del que no puedo desvincularme. De allí, pues, que—por conocerla mejor, por haber cobijado mis años de infancia, por ser tan vívida en mis recuerdos— la haya escogido como escenario parcial o total de dos de mis obras. Pero mi interés en épocas pasadas, tan fuerte como el que siento por la mía propia, se manifestó en mi literatura mucho antes que abordase tiempos históricos cartageneros, en relatos que tenían lugar en diferentes pretéritos universales, incluida la hipotética Atlántida. Creo que, nacido donde fuere, siempre me habría sentido atraído o fascinado por las diferentes épocas humanas, por el hombre como conciencia ante el universo en cualquiera de sus culturas y avatares."
(Ángel Miguel Arnulfo, Casa del Tiempo, noviembre de 1989)